OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 31.
Al escuchar la noticia, me quedé completamente helada.
Fue como si el mundo se detuviera de golpe, como si todo el aire de la habitación se evaporara en un segundo. Mis piernas dejaron de responder y apenas fui consciente de que giraba lentamente el rostro para mirar a Héctor, que permanecía a mi lado.
Él no decía nada.
Pero su cuerpo lo decía todo.
Su mandíbula estaba tan apretada que podía distinguir con claridad cada músculo de su cuello tensándose, marcándose bajo la piel como si estuviera