OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 30.
Después de ser rescatada de mi prisión, que resultó ser un hotel abandonado en pleno centro de Chicago, uno que se encontraba en remodelación y que servía como fachada perfecta para actividades ilegales, Héctor me llevó en sus brazos hasta una ambulancia. Recuerdo vagamente el sonido de las sirenas, las luces rojas y azules reflejándose en los edificios, y el murmullo de voces a mi alrededor, todas hablando al mismo tiempo, todas preocupadas.
Yo insistí una y otra vez en que estaba bien. De ver