OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 13.
—Doctor, muchas gracias por sus atenciones —dice mi angustiada madre, con la voz cargada de nerviosismo, mientras me mira fijamente acostada en uno de los sofás principales de la mansión. Sus manos no dejan de retorcer el pañuelo que lleva consigo, una señal clara de que intenta mantenerse serena solo por mí.
—Es un placer poder servirla, señora Silverstorm —responde el doctor de turno con profesionalismo, estrechando la mano de mi madre antes de guardar algunos de sus instrumentos médicos.
—Disculpe el atrevimiento, doctor, pero ¿puedo preguntar…? —mi madre duda un instante antes de continuar—. ¿Esto va a dejarle cicatriz?
El hombre observa mis documentos, luego me mira brevemente y suspira con cautela, como alguien que no quiere dar falsas esperanzas ni tampoco causar más angustia de la necesaria.
—Bueno, eso es difícil de saber, señora Silverstorm. Con los cuidados necesarios, obviamente no debería ocurrir, pero quién sabe en el futuro… cada cuerpo cicatriza de manera distinta.
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