Capítulo 107.
Después de varias horas de hacer el amor, justo cuando llega la madrugada, Víctor y yo nos derrumbamos en la cama, jadeando con fuerza, con los cuerpos todavía tibios y sensibles, solamente exhaustos pero profundamente complacidos por habernos entregado el uno al otro. El sudor se enfría lentamente sobre mi piel mientras mi respiración intenta recuperar un ritmo normal, y mi corazón aún late con fuerza, como si se negara a abandonar del todo ese estado de placer absoluto.
—De verdad eres increí