82. Te amo
Fue una velada maravillosa, rieron sin parar y nunca hubo espacio para el silencio, al contrario, hablaron de todo y nada y se mostraron relajados, viviendo el presente, ajenos a cualquier diferencia o problema que hubiese existido en el pasado.
Incluso bailaron.
— Gracias por aceptar mi invitación a cenar — le dijo él, en algún punto de la noche. Sabía que pronto volverían a la ciudad. Tomó sus manos entre las suyas. Ella lo miraba a los ojos — Y no quiero presionarte respecto a nosotros, per