EL GUARDAESPALDAS DE MI HERMANO: 11. El grito de Raquel
Después de largos segundos, Leonas salió de su estupor, se pasó la mano por el rostro y fue tras ella.
— ¡Beth, espera! — la vio bajar las escaleras. Tenía prisa por alejarse de él. Eso le dolió — ¡Beth, por favor!
Ella se detuvo al final del último escalón. Él la alcanzó.
— ¿Qué quieres que espere? — le preguntó con el corazón chiquitito — No quiero verte ahora.
— No me digas eso — rogó, dolido.
— Entonces deja que me vaya.
— No puedo hacer eso… no puedo dejar que te expongas y expongas l