Bastaron dos semanas en Zúrich para evidenciar una mejora significativa en su pequeño.
La doctora Keller, sin duda, era una especialista en el área que, aunque le repetía constantemente que el camino sería largo, los avances no dejaban de notarse. Por ejemplo: su hijo ya no se despertaba gritando cada noche gracias al medicamento suave para las pesadillas (un antihistamínico con efecto sedante que la doctora había prescrito). Dormía más profundo y, cuando soñaba, ya no era siempre con sangre.