Que su hijo se enterara de esta forma de que Alejandro era su verdadero padre no era algo que debiera haber sucedido. Sin embargo, su reacción a la noticia la dejó más helada que el hecho de que se enterara en sí.
Su pequeño cuerpecito estaba rígido, con los puños muy apretados, y miraba a Alejandro como si fuera un enemigo. No había rastro de esa conexión que había presenciado en la feria; solo una frialdad que no debería experimentar un niño de cuatro años.
—Sé que esto no es lo que esperaba