—¡No es mi papá! ¡No es mi papá! —seguía repitiendo el niño obsesivamente, mientras le ponía el pijama antes de dormir.
Alejandro era su verdadero padre, pero no sabía cómo meter esa idea en su cabecita renuente. Es decir, todo estaba demasiado reciente: la muerte de Marcos, la aparición de Alejandro en su vida... Ya habría tiempo para que lo entendiera.
—Cariño, vamos a dormir, ¿sí? —trató de cambiar de tema.
—La abuela me lo dijo —se puso muy serio, mirándola fijamente—. Es un hombre malo y n