En los últimos segundos, había estado repitiéndose que había hecho bien desviando la mirada. Había hecho bien simulando que no era nadie importante, que no merecía ni un segundo de su atención. Pero obviamente, Alejandro Urdiales no se quedaría con eso, no permitiría que lo ignorara, porque él nunca se quedaba con nada.
Y su refugio seguro duró exactamente eso: pequeños instantes, antes de que sintiera que la tomaban del brazo con violencia y la giraban.
El salón pareció sumergirse en un silenc