Apenas tuvo una semana para decirle adiós a su vida en Chile.
Ahora se encontraba bajando del avión, sintiendo el aire frío y húmedo de aquel país que abandonó en su peor momento.
A su lado, su hijo saltaba emocionado, completamente ajeno a la tensión que la embargaba. Para él, Londres era un lugar de anhelos, de sueños. Su madre no había parado de contarle historias al respecto, todas bonitas, todas agradables, porque su hijo no merecía saber la crueldad que la había hecho alejarse de sus raí