—¿Quieres que esta maldita enfermedad me mate antes de tiempo? —Su padre lo sujetó de la nuca y lo obligó a mirarlo a los ojos—. No puedes actuar tan impulsivamente, Alejandro. ¿Cómo se te ocurre ponerte a gritar ese tipo de cosas delante de todos? ¿Qué quieres que la gente piense?
—Lo que tienen que pensar —gruñó, soltándose—. ¡Selene es mía y no me importa que ahora venga de la mano de ese! ¡Es mi mujer y le voy a arrancar ese maldito anillo, así sea lo último que haga!
—¡Olvídate de eso! —gr