Pestañeó repetidamente, tratando de entender la extraña pregunta.
—¿Preferirte? —repitió lentamente, con el rostro ladeado.
—Sí, ¿lo que le dijiste era verdad? ¿Me prefieres? —continuó su amigo en un tono ilusionado, haciéndole entender que quizás Marcos había malinterpretado sus palabras como una especie de confesión de amor, en lugar de algo que dijo sin pensar, únicamente para molestar a Alejandro.
—Marcos…
Las rejas de la celda se sacudieron al tiempo en que su amigo se mostraba dece