La pequeña Aitara tenía un año cuando el matrimonio Urdiales Ponce se enfrentó a un significativo dilema.
Alejandro había estado resistiendo bien a la cabeza de una empresa que nunca fue su intención dirigir. La vida y las circunstancias lo llevaron a esto. Y, aunque odiaba todo lo que tenía que ver con temas administrativos, gerencia, estrategias financieras, tenía que hacerlo. Porque, ¿quién más lo haría si no él?
Aun así, no podía dejar de pasar por la clínica de vez en cuando, aunque ya no