Tardó varios segundos en procesar que el reconocido cirujano cardiólogo Alejandro Urdiales estaba de pie frente al humilde lugar donde trabajaba.
«¿Qué hacía aquí para empezar?», se preguntó, pestañeando repetidamente, como si de esa forma pudiera borrar la imagen inexplicable del hombre.
Sin embargo, Alejandro no estaba dispuesto a darle tiempo para asimilar su extraña presencia. Acortó la distancia que los separaba en menos de una fracción de segundo y la tomó del brazo, apartándola de Marc