El aire se me atasca en la garganta. Todas las emociones que en este instante me golpean, se sienten con la fuerza de una ola que me ahoga. Quiero abofetearlo con ganas, quiero gritarle, pero también quiero salir corriendo de esta sala.
Sus palabras logran aplastarme, porque tiene razón. Maximilian no me tiene, pero me tiene en sus manos, en su poder y eso… eso es una verdad que está metida bajo mi piel desde que supe que me casaría con él.
—Demás de encantador —suelto con ironía, levantando las