El clic no fue solo un sonido, fue una interrupción brutal en el delicado equilibrio que apenas comenzaba a tomar forma, una señal seca que atravesó el aire como una sentencia, como algo definitivo que no dejaba margen para interpretación, y en el instante en que lo escuché, mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera alcanzarlo, cada músculo tensándose con una precisión casi dolorosa mientras algo dentro de mí, esa presencia que ya no podía negar, se activaba con una claridad inquietante