El jardín quedó sumido en un silencio tan profundo que incluso el rumor de las hojas desapareció, como si la naturaleza hubiera decidido contener el aliento ante la presencia que comenzaba a manifestarse al otro lado de la grieta. La inmensa silueta no terminaba de cruzar, pero bastaba percibir su contorno para comprender que ninguna de las fuerzas que habíamos enfrentado hasta ese momento podía compararse con aquello. No inspiraba únicamente miedo; despertaba una sensación mucho más antigua, u