El silencio que siguió a aquellas palabras fue más profundo que cualquier oscuridad que hubiera descendido sobre el jardín. Incluso la grieta del cielo pareció contener su avance, como si el propio mundo estuviera esperando una explicación imposible. El desconocido permanecía frente a nosotros con una tranquilidad desconcertante, sosteniendo la mochila al hombro como un estudiante que acabara de salir de clase y no como alguien capaz de alterar el curso de vidas enteras. Su apariencia era demas