Punto de vista de MiaMe estaba quedando dormida cuando el golpe en la puerta me arrancó del sueño como si me hubieran devuelto de golpe a la realidad, seco, insistente, cargado de una impaciencia que no necesitaba nombre para reconocerla, porque incluso antes de abrir los ojos supe quién era. Podía imaginarlo perfectamente, del otro lado, irritado, probablemente furioso por haberme comido su pizza… y, muy a mi pesar, debía admitir que estaba deliciosa, con el equilibrio exacto de queso fundido, pepperoni ligeramente crujiente en los bordes, champiñones salteados, un toque inesperado de miel picante y ese leve sabor ahumado que no supe identificar pero que la hacía imposible de ignorar, una combinación extraña, casi absurda… y aun así, peligrosamente perfecta para mí, como si alguien hubiera sabido exactamente qué me gustaba sin que yo lo dijera. Lo ignoré durante un par de minutos, aferrándome a la esperanza de que se cansara y se fuera, pero el imbécil era insistente, y cada nuevo g
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