La imagen suspendida sobre el jardín permaneció inmóvil, pero el tiempo parecía seguir avanzando dentro de ella. Aquel salón universitario iluminado por el sol de la mañana resultaba tan cotidiano que costaba creer que escondiera un secreto capaz de estremecer incluso al Primer Guardián. El murmullo de los estudiantes, el sonido de las mochilas golpeando suavemente las sillas, el olor imaginario del café recién servido y de los libros nuevos construían un escenario tan normal que dolía contempl