Las palabras del Primer Guardián cayeron sobre el jardín con el peso de una sentencia imposible de comprender. Nadie habló. Nadie parecía capaz de hacerlo. El aire se había vuelto tan denso que cada respiración dolía en el pecho, mientras la inmensa superficie de luz suspendida frente a nosotros seguía mostrando aquella ciudad consumida por el fuego. Los edificios se derrumbaban entre columnas de humo, las llamas teñían el cielo de un rojo oscuro y, en medio del caos, Jake sostenía mi cuerpo en