El sonido de aquellos nombres atravesó el jardín con una fuerza imposible de describir. No fueron pronunciados con violencia ni con la intención de intimidarnos; al contrario, había una calma solemne en aquella voz que descendía desde la grieta, una autoridad tan antigua que cada sílaba parecía despertar algo dormido en lo más profundo de mi alma. No entendía aquellas palabras y, sin embargo, mi corazón reaccionó antes que mi mente. Una punzada recorrió mi pecho, seguida de una nostalgia tan in