La tensión no desapareció cuando nuestras miradas se separaron, se transformó, se volvió más silenciosa, más contenida, como si ambos hubiéramos entendido que lo que estaba ocurriendo ya no necesitaba exhibirse para existir, y durante el resto de la mañana me moví dentro de la casa con una conciencia distinta, más alerta, más incómoda, sintiendo cada espacio como si guardara ecos de lo que había pasado y de lo que, inevitablemente, iba a pasar si seguíamos orbitando de esa manera, tan cerca, ta