El silencio que dejó tras de sí no fue vacío, fue una presencia distinta, más densa, más consciente, como si su ausencia hubiera ocupado más espacio que su cercanía, y durante un instante permanecí inmóvil en el centro de la habitación, con la puerta entreabierta y el eco de sus palabras todavía vibrando en el aire, sintiendo cómo algo dentro de mí seguía reaccionando aunque ya no hubiera nadie frente a quien sostener esa tensión, como si el momento no hubiera terminado realmente, como si solo