La noche no se cerró cuando cruzamos la puerta de la casa, se quedó suspendida en el aire, adherida a la piel, a la respiración, a esa sensación persistente de que algo había sido empujado demasiado lejos como para volver a fingir normalidad, y mientras el silencio volvía a ocupar cada rincón con una elegancia que ahora resultaba casi ofensiva, supe que no iba a haber descanso, no esa noche, no después de todo lo que habíamos dejado a medias
No dije nada al entrar
Tampoco él
Pero la ausencia de