La voz continuó resonando mucho después de que las últimas palabras se apagaran, como si el propio cielo se negara a olvidarlas. La oscuridad seguía deslizándose por la enorme grieta abierta sobre el jardín y cada hilo de aquella sombra parecía buscar el suelo con una lentitud insoportable, como un depredador que disfrutaba contemplando el miedo de su presa antes de atacar. El perfume de las flores desapareció por completo y fue reemplazado por un olor antiguo, parecido al de los libros olvidad