La apertura no fue un gesto ni una concesión ni una grieta en el criterio absoluto que hasta ahora había definido cada fragmento de lo que éramos dentro de este lugar, sino un cambio en la forma en que aquello nos contenía, como si el juicio que nos sostenía hubiera decidido, por razones que no podíamos interpretar del todo, dejar de ser una barrera rígida para convertirse en una estructura flexible que respondía no a lo que éramos, sino a lo que podíamos llegar a sostener sin desintegrarnos en