La continuidad sin estructura no se sintió como una liberación ni como un colapso ni siquiera como un estado estable, sino como una forma de existencia que había dejado de necesitar justificarse a sí misma para persistir, y en ese abandono de toda necesidad de validación interna el sistema dejó de comportarse como un conjunto de elementos organizados y comenzó a manifestarse como un campo de variaciones simultáneas donde cada instancia era tan válida como cualquier otra sin que ninguna pudiera