Malú fue al comedor a esperar a Ravi, pero esta vez decidió invitar a todas las demás mujeres de la casa a sentarse a la mesa con ella. Era una forma de sentirse más a gusto y de integrarlas en aquel momento.
— Pero, señorita Malú, ¡no podemos! — protestó Gabriela, vacilante. — Si todas nos sentamos a la mesa, ¿quién va a servir?
— Nos serviremos nosotras mismas. — respondió Malú, con una sonrisa cálida. — Creo que no se le va a caer un dedo a nadie por eso, ¿verdad? Y, por favor, no me llame