Cuando escuché eso, una oleada de emoción me recorrió el pecho.
La persona con la que hablaba Camila no podía ser Carlos. Después de todo, la noche anterior habían estado juntos hasta el amanecer; no era posible que ahora ella tuviera que consolarlo de nuevo.
Entonces, ¿quién era? ¿Por qué tenía que hablarle con tanta suavidad, como temiendo que se enojara?
Lo más probable era que se tratara de alguien que conocía la verdad de lo ocurrido hace cuatro años.
¿Sería acaso… Bruno?
Después de termina