Apreté con fuerza la cadena mientras miraba con terror al señor Felipe; mis lágrimas de pánico no dejaban de caer.
—Mientras usted garantice mi vida y se asegure de que ese canalla no me humille, le diré absolutamente todo —le dije.
—¡Maldita perra, todavía te atreves a poner condiciones! —gritó Darío con su voz brusca.
El señor Felipe le lanzó una mirada severa, y Darío cerró la boca al instante. Luego, el señor Felipe dio una calada al puro y me sonrió con aparente amabilidad.
—Con mi posición