—Ya están dormidos —Mateo dijo, indiferente.
Me extrañó:
—¿Entonces cómo es que Luki me mandó ese punto y se durmió tan rápido? Si no pasó ni un minuto.
Mateo respondió con calma:
—Te lo mandó y luego se quedó dormido.
—Ah… —contesté, sin saber si creerle o no, aunque tampoco valía la pena darle más vueltas.
Le pregunté:
—¿Y por qué me llamaste tan tarde, pasó algo?
—Nada, solo recordarte lo de mañana, la actividad de padres e hijos en la escuela, que no lo olvides.
—¿No me lo recordaste ya en l