No me atreví a perder tiempo y salí corriendo de la casa.
Apenas tuve un respiro, una mano fuerte me jaló hacia unos arbustos cercanos.
Estuve a punto de gritar, pero otra mano me tapó la boca.
Entonces lo vi: era Javier.
En ese instante, mi teléfono volvió a sonar: era Mateo. Al parecer, la llamada anterior también había sido suya.
Javier me dijo en voz baja y firme:
—Corta y ponlo en silencio, rápido.
Asentí, apagué la llamada y puse el celular en silencio.
Justo a tiempo: Bruno salió corriend