Estaba tan frustrada. En serio no podía volver a emborracharme delante de este hombre: ¡se lo tomaba todo tan literal!
Alan siguió la mirada de Mateo y acabó mirándome a mí. Pareció entender algo y, en vez de hablar, agarró con fuerza el brazo de Valerie, advirtiéndole que no se le ocurriera mirar a los strippers ni tocar sus abdominales.
Ella aceptó enseguida, aunque sus ojos brillaban de emoción.
Yo pensé: “esos dos seguro acabarán discutiendo otra vez.”
Entonces Camila también me miró siguien