—He oído que en el Club Platino los strippers son muy buenos. ¿Qué les parece si los invito a divertirse un rato? —dijo Mateo.
Todos se miraron entre sí, confundidos.
Seguro pensaban: "somos hombres, ¿para qué ir a un club a ver strippers hombres?"
Nadie podía entender por qué Mateo mencionaba eso de repente.
Solo yo sabía la razón.
Anoche, borracha, parece que le pedí que me consiguiera unos.
Y había que admitirlo: este hombre se tomaba demasiado en serio ciertas cosas.
Debajo de la mesa, Valer