Me tapé con la cobija y miré mi cuerpo.
Quedé desilusionada: no tenía ninguna marca y tampoco sentía nada raro abajo.
Así que anoche, entre Mateo y yo, seguro no pasó nada.
Me recargué en la cabecera de la cama y suspiré.
Con una oportunidad tan buena, ¿cómo no la aproveché?
Y Mateo...
¿No que antes siempre pensaba en esas cosas? ¿Que en cuanto me veía quería acostarse conmigo?
¿Por qué justo anoche decidió ser un caballero?
De verdad, incomprensible.
Cuando no debería, es todo un pícaro, que se