Cuando colgué la llamada, fui al baño a lavarme la cara y, al levantar la mirada, vi en el espejo un vendaje llamativo en mi frente.
Lo toqué y dolía bastante.
Qué raro... ¿cómo me golpeé anoche? ¿Con qué me pegué?
¿No será que Mateo me vendó?
Me acerqué un poco más y lo revisé bien. Algunos recuerdos borrosos empezaron a aparecer en mi mente.
“Más te vale que te tapes la frente.”
“Estás tan ciega, ¿por qué no te golpeas también los ojos?”
“Acabo de ponerte la pomada y ya te la rascaste, ¿no ves