Mateo abrazaba el cuerpecito suave de su hija, mientras su corazón parecía derretirse.
Solo deseaba que ese momento durara más, mucho más.
Sin embargo, los dos pequeños terminaron de tomarse la leche en un instante.
—¿Quieren más? Todavía hay —dijo Mateo rápido.
—No, quiero dormir —respondió Embi.
Luki ya había dejado el biberón en la mesita de noche y se había metido bajo las cobijas para dormir.
Embi también se bajó de sus brazos y se acostó en la cama, pegadita a su hermano.
En ese momento, M