No podía negarlo: ese hombre era muy peligroso; tenía una perspicacia poco común. Siempre parecía callado, como si solo supiera mirar el espectáculo y echar leña al fuego, pero en realidad lo tenía todo clarísimo; e incluso notaba que Jeison trataba a Javier diferente. Esa capacidad de observación era inquietante.
Por otro lado, la frase de Waylon, junto con su expresión exagerada, acabó por sacar de quicio a Javier. Él lo miró, muy serio, y le advirtió:
—Te dije… que te apartes.
Waylon bajó la