La señorita Renata cruzó los brazos sobre el pecho, alzó la barbilla con arrogancia y habló con total altivez:
—Yo mandé a construir este edificio. Si quiero que vivan aquí, lo hacen; si no quiero, se largan. Y mi padre también… trae a cualquier basura a vivir aquí, ensuciando mi estatus.
Luego miró a los guardaespaldas a su lado y añadió:
—Y a estas dos basuras también sáquenlas. ¡Y este edificio, derríbenlo y constrúyanlo de nuevo!
Mateo, en su papel de Darío, entrecerró lentamente los ojos. E