Me quedé mirándolo, con rabia, pero sin decir nada. Javier suspiró despacio y, sin soltarme, me arrastró hacia los baños que estaban a pocos pasos. Apenas avanzamos unos pasos, nos topamos de frente con Waylon y Henry. Los dos llevaban copas en la mano y hablaban de algo; uno sonreía, despreocupado y burlón, y el otro se veía de muy mal humor.
Cuando me vio con Javier jalándome de la muñeca, Waylon se rio con mucha intención y preguntó:
—Aurora, aprovechando que Darío no está… ¿cita con el viejo