Hablara o me callara, daba igual... ya no tenía futuro con él. Nada, absolutamente nada, iba a ser posible entre nosotros otra vez; mi silencio pareció ser la chispa final que encendió por completo toda la furia que él estaba conteniendo.
"¡Aurora Cardot!".
Solo esas palabras a través de la pantalla bastaron para que yo sintiera su decepción, su rabia y su dolor. Recordé su descontrol en la habitación del hospital y sentí otra vez ese dolor en el pecho, como una punzada insoportable.
Después de