Se me aceleró el corazón. Volví a mirar a ese hombre de cara bruta y, sin querer, nuestras miradas se encontraron.
Sentí algo que no pude explicar, una sensación rara que me llenó el pecho.
Era una sensación… como si ya lo hubiera vivido.
Pero esa cara y esa expresión no me sonaban de nada.
Qué cosa tan rara.
Además, ¿qué había querido decir Ricardo con eso?
Yo solo había notado que la forma en que ese hombre —el tal Darío— me miraba era perversa y demasiado intensa, tanto que me dio miedo y apa