Se me aceleró el corazón y lo miré de golpe.
—¿Mateo volvió a llamarte?
Después de una pausa, con la voz tensa, pregunté:
—Tú… tú no le habrás vuelto a colgar el teléfono, ¿verdad?
—Esta vez no.
Waylon inclinó un poco la cabeza, prendió un cigarrillo, le dio una calada y retrocedió unos pasos hasta recostarse en el estante de las armas.
Miré para todos lados; no había nadie cerca. Me acerqué rápido y le pregunté en voz baja:
—Entonces, ¿qué te dijo?
—Ya sabía que el señor Felipe quería llevarte