¿Cómo pude comparar la mirada tranquila y concentrada de Mateo con los ojos asquerosos y pervertidos de Darío?
De verdad, estaba ciega.
Y lo que más me sorprendió fue que Ricardo, cuando miró a Darío, pareció analizarlo y juzgarlo.
Qué raro… ¿no se suponía que estaban del mismo lado?
—Ya está. Si van a llevarse a alguien de aquí, lo mínimo es avisarme primero. Vengan todos a la sala.
Esta vez, la señorita Alma sí se fue.
Ricardo miró a Darío con curiosidad y sonrió.
—Vamos. Primero hablemos de l