Me reí con sarcasmo.
—¿No son acaso hechos? ¿Por qué no se puede decir la verdad? Y dime, ahora que ya no sirves para nada, y Camila por fin quiere deshacerte de ti, ¿cómo se siente? ¿Duele, verdad? Je... te lo dije, esto es justicia, ¡justicia divina!
Al final no pude contener la rabia y grité con todo el dolor acumulado.
Bruno, abatido, murmuraba:
—Perdón... perdón...
—¿Y de qué sirve el perdón? —le agarré del cuello de la camisa y lo miré—. ¿Tu "perdón" puede devolverme a mi madre? Maldito se