Cuando Bruno acabó de sacar el teléfono, yo dije algo, muy enojada.
Bruno se detuvo en seco; apretó el teléfono con fuerza y en sus ojos apareció una mezcla de sospecha y miedo. Aunque en la boca seguía insistiendo en que Camila no sería tan cruel, en el fondo no tenía certeza alguna. Se asustó y retrocedió. Era igualito a mi hermano inútil.
Lo miré con sarcasmo:
—Si no lo crees, entonces llámala y pregúntale tú mismo; te va a convencer con dulces palabras y después va a buscar otra ocasión mejo