Capítulo 1912
En el camino, Darío me llevaba a la fuerza, apretándome la muñeca con saña, como si tuviera miedo de que me escapara en cualquier momento. Aunque yo sospechaba que él podía ser Mateo, en el fondo no estaba segura; y que me arrastrara así me dio mucho asco. Por más que forcejeé y sacudí el brazo, no logré zafarme de su enorme mano, fuerte como una tenaza. Si no hubiera habido guardias patrullando por todas partes, le habría gritado en la cara para saber si de verdad era Mateo. Sin embargo, como p
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