El jefe de los guardaespaldas me dijo, con respeto:
—Aurora, perdón, esos cuatro hombres eran muy hábiles y lograron escapar.
Le lancé una mirada a Bruno y respondí con calma:
—No pasa nada; si escaparon, escaparon. Esos cuatro también debían de ser asesinos entrenados. Que me hayas ayudado a salvar a Bruno ya fue bastante.
Después de decir eso, la cara de Bruno volvió a cambiar. En su cara pálida se mezclaban la confusión, el dolor y el miedo. Aunque en el fondo quiso creer que Camila no era ta